Vista de la Basílica de Santa Maria della Salute al atardecer

Día 1. Itinerario de Venecia, Puente Rialto y un atardecer fabuloso.

Nuestro primer día en Venecia no empezó con góndolas ni serenatas, sino con una pequeña tragedia aeroportuaria: nos denegaron la entrada a la sala VIP que nos había regalado Trip. Pero la vida sigue y nosotras nos dimos el lujo igual —vino en mano y dignidad intacta.

Llegamos de madrugada a Mestre, encontramos comida rápida abierta (milagro), y nos enamoramos del primer helado pistacho-épico del viaje. Al día siguiente, nuestro itinerario de Venecia fue recorremos canales, nos perdemos a gusto, cruzamos el Puente Rialto y cerramos el día viendo un atardecer dorado desde el ferry, con debates de historia, silencio y agua salada.

Venecia nos recibió con ruinas bonitas, luz perfecta y casi sin turistas. ¿El resultado? Un día caótico, precioso y muy nuestro. Como todo lo que vale la pena recordar.

? La llegada (aka El caos elegante que nos caracteriza)

Oficialmente, nuestro primer día en Venecia empezó la noche anterior. A las 23:30 de la noche (sí, esa hora en la que los aeropuertos ya solo funcionan en modo zombis y el eyeliner empieza a rendirse), aterrizamos con nuestras mochilas llenas de ilusiones y un poquito de rabia porque, spoiler, la sala VIP nos dijo ciao bella desde lejos.

Pero empecemos por el principio. ¿Sabes ese momento en el que te sientes premium porque tu reserva incluye acceso a sala VIP? Pues nosotras nos creímos Beyoncé entrando en el backstage de Coachella, hasta que un señor con uniforme de “rompe-sueños” nos informó de que nuestra sala estaba en la zona de vuelos extracomunitarios y, cariño, tú vuelas dentro de Europa, así que te quedas en tierra y sin canapé. Y aquí no vale con llevar pasaporte.

? Nos quedamos con las ganas, pero también con la dignidad. Porque si no nos lo dan, nos lo montamos nosotras. Así que nos regalamos un vinito y nos sentamos a esperar el vuelo. No fue gratis, pero fue elegante. Un brindis por nosotras y por todas las veces que nos hemos tenido que inventar el lujo.

Al llegar al aeropuerto de Venecia, cogimos probablemente el último autobús a Mestre. Y aquí hago un inciso útil: si vas a llegar tarde, asegúrate de que tu hotel tenga recepción 24 horas. Lo digo porque hay quien reserva con alegría a las 3 de la mañana y luego se encuentra una puerta cerrada y una cancelación en toda la cara. OJO, que esto pasa.

Nosotras caminamos unos 5 minutitos hasta el hotel con la maleta en plano, la vida se ve de otra manera, por si te lo perdiste, aquí te dejo el drama de las maletas en Estambul. Karma check: 1-1. Y como si el destino quisiera redimirse por lo de la sala VIP, nos premió con una cadena de comida rápida abierta. No cenamos como dogos, pero ese helado de pistacho fue un orgasmo de los que se lloran en silencio.


☀️ Buenos días, Venecia. Estamos listas para ti (más o menos)

Después de dormir como si nos hubieran dado un Valium, nos despertamos con el modo exploradora activado. Nos vestimos monísimas, por supuesto. Nada de ir cómodas, no: cómodas y guapas, que una no pisa Venecia todos los días. Un poco de rimel, perfume discreto y ese “a ver si hoy me pide matrimonio un gondolero” que los había descaradamente atractivos. No sé porque esto no sale más en Instagram personalmente, Venecia ya tiene suficiente turismo por si misma, pero empiezo a pensar que esto ayuda.

☕️ Un poquito de contexto histórico antes, ¿no?

Venecia nació en el siglo V d.C. como un refugio entre islas pantanosas, donde los habitantes huían de las invasiones bárbaras. Lo que empezó como un “nos escondemos aquí un rato”, acabó convirtiéndose en una de las repúblicas marítimas más poderosas del mundo.

Durante siglos, fue la reina del Adriático, comerciando con Bizancio, Oriente y medio planeta, y acumulando riqueza, arte y una dosis generosa de drama político. Su máximo esplendor fue entre los siglos XIII y XV, cuando lo mismo te organizaba una cruzada que te traía especias, sedas y arquitectos con delirio de grandeza.

Después, llegaron los turcos, los franceses, los austriacos y finalmente Italia, que en el siglo XIX la abrazó como quien adopta a una tía rica y excéntrica. Hoy, Venecia sigue ahí: majestuosa, algo cansada, pero más fotogénica que nunca y con espíritu de diva antigua.

? Itinerario de Venecia. Qué hacer en un día.

Si tu duda es qué hacer en Venecia en un día, además de ver el Puente Rialto, este es tu resumen. Te sirve tanto para una escala rápida como para un día de excursión desde otra parte del país.

Salimos del hotel y cogimos el tren a la isla por 1,50€ desde Mestre hasta Santa Lucía. Los billetes de tren en Italia son un 2×1, te sirven como título de acceso al transporte y, como abanico (o separador para leer), porque es poco menos de un A3 de cartón. Creo que realmente los italianos pueden ser los responsables directos de la deforestación de Europa. No estoy exagerando, juzgad vosotros mismos:

Billete de tren Trenitalia de Venecia Mestre a Venezia Santa Lucia sostenido en el andén al sol de la mañana.

Una vez en Santa Lucía, buscamos una cafetería para desayunar y recorrimos un poquito la zona universitaria – Cannaregio-. Seguimos cruzando canales por la zona de San Polo hasta el Puente Rialto, revisamos las tiendas de máscaras venecianas y vestidos, hicimos parada para comer y subimos al mirador de Fondaco dei Tedeschi, luego seguimos hasta el Palacio Ducal, Piazza de San Marcos y cogimos el vaporetto en el muelle para cerrar el día.

Esto es, digamos, el mínimo imprescindible que ver en Venecia en un día.


?️ PUENTE Rialto, el influencer del siglo XVI

Cuando llegamos al Puente de Rialto, nos quedamos en silencio. Es de esos sitios que has visto mil veces en fotos y aún así te golpea en el pecho como un ex que sí te quería. Construido en piedra en 1591, este puente es el más antiguo que cruza el Gran Canal y durante siglos fue el corazón comercial de la ciudad. Por él han pasado comerciantes, nobles, enamorados y ahora, tú con tu cámara intentando que no se te caiga al agua.

Miramos desde allí el Gran Canal, ese que parece un espejo de siglos, y nos sentimos muy protagonistas. No parábamos de repetirnos, que si, que toda opinión es potencialmente válida, pero no entiendo que alguien diga que Venecia está sobrevalorada, si es una ciudad única.

Góndola navegando frente al puente de Rialto en mi viaje a Venecia, Italia.

Ponte di Rialto

Disfrutando de un paseo en góndola bajo el emblemático puente de Rialto, una experiencia inolvidable en el corazón de Venecia.

? ver el atardecer en venecia: el momento clave.

Después del paseo entre puentes y fachadas desgastadas que parecen obras de arte abandonadas, decidimos hacer algo que toda turista con fantasía merece: un paseo por el Gran Canal. (Spoiler: no era góndola, pero era vaporetto y no hipotecamos un riñón, así que win-win).

Aquí cada uno que haga sus cuentas, el paseo en Góndola es idílico pero las vistas en el vaporetto son las mismas y aunque a veces te toca compartir espacio con otros turistas que puede que no sean educados y no paren de moverse y gritar (nótese un poquito de crítica a mis compis de viaje, sorry), merece la pena.

Nos subimos justo cuando el sol empezaba a caer y Venecia se volvía dorada.

? Cómo ver el atardecer en Venecia desde el Gran Canal.

El vaporetto sale de la Piazza de San Marcos, el nuestro era el número 2, que entra por el estrecho entre la isla y Giudecca, y rodea la ciudad entrando por el Gran Canal. Empiezas con una vista increible de San Giorgio Maggiore y la iglesia de Santa Maria della Salute, majestuosa, como si la hubieran colocado allí solo para las fotos.

Sigue el recorrido por el Gran Canal y entras por Santa Lucía, dejando atrás San Simeón Piccolo, el Casino y la Galería Internacional de Arte… pasamos junto al Palacio Ca’ d’Oro, que sigue pareciendo una fantasía de mármol aunque esté desconchada. Y desde la barandilla del ferry, con el viento deshaciéndonos el pelo, volvimos al Puente Rialto, que es como el punto central de la ciudad.

Ver el atardecer en Venecia es algo espectacular, supongo que en cualquier ciudad lo es, pero bueno, tiene algo de romántico verlo en la ciudad del Casanova. Desde luego, este itinerario de Venecia tiene de todo. Y desde luego, entre las cosas que hacer en Venecia en un día, recomiendo mucho no saltarse el vaporetto número 2.


? Reflexiones entre canales

Venecia no se parece a ningún otro lugar. Y verla con tan pocos turistas es un regalo que no esperábamos. No hay empujones en la Plaza de San Marcos. No hay filas de dos horas para tomarte un Spritz. Lo que hay es espacio para mirar, para escuchar, para estar. Y eso es un lujo mayor que cualquier sala VIP.

El agua arrastra el ruido de fondo, los mezcla con el murmullo de las olas y el canto de una góndola lejana. Y en medio de todo eso, tú y tu mejor amiga. Que aunque el viaje empezó regular, ya estáis otra vez riendo por tonterías, compartiendo helado, y entrando en un súper porque viaje en invierno significa con casi total seguridad cenar en «casa».


? El final del día (y la belleza de estar vivas)

Volvimos con Venecia a oscuras, solo con la luz de algunas casas que suponemos, no eran turísticas. Es alucinante el contraste entre el día y la noche aquí. Entramos en un súper para comprar la cena y con las bolsas colgando de los brazos fuimos esquivando los escalones centenarios que crean los adoquines de piedra, fuimos cruzando canales con cuidado, porque no están vallados y caerte es una posibilidad bastante real.


? Epílogo con aroma a humedad veneciana

El primer día en Venecia no fue perfecto. Pero fue nuestro. Y eso lo hace aún más mágico. Empezó con una decepción en una sala VIP, siguió con un atardecer que parecía un cuadro de Turner, pero sin filtro. y terminó con una caminata nocturna con pinta de peli de Almodóvar.

Viajar siempre te cambia, está claro. Venecia te obliga a sentir. Te empapa de historia, de arte, de luz. Te recuerda que la belleza no está en la perfección, sino en lo que se mantiene a flote, aunque esté hecho de ruinas y agua salada.

Y nosotras, como Venecia, también hemos aprendido a mantenernos a flote. Con humor, con vino, y con helado de pistacho.

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