El segundo día de nuestro viaje lo habíamos reservado para algo muy especial: un recorrido en vaporetto desde Mestre a Burano, con parada de vuelta en Murano. Un plan perfecto para dejarse enamorar por las islas, una cámara al cuello, una libreta de notas medio llena y muchas ganas de encontrar belleza fuera de las rutas más transitadas.
Nos habíamos prometido un día pausado, porque ver Murano y Burano en un día no solo es posible sino que es bastante recomendable. Un día de esos en los que lo importante no es tachar lugares, sino observar, capturar escenas y oler el pan recién horneado que sale de alguna ventana. A Burano la imaginábamos como un cuento de colores; a Murano, como el taller invisible donde nacen los cristales.
Y aunque todo esto suene muy poético… lo cierto es que el plan tenía una logística precisa, una ruta clara y muchas posibilidades de perder el vaporetto por quedarnos haciendo fotos de cualquier rinconcito. Por suerte, no fue así. Y lo que vino fue un día lleno de calma, historia, fotografía y esa luz suave que solo saben dar las islas en la laguna veneciana. Eso sí, todo pasado por agua porque llovió todo el santo día.
? un poquito de contexto histórico de Murano, Burano y los famosos cristales.
? Burano: la isla de los colores y el encaje
Burano es conocida por su encaje artesanal, una tradición que se remonta al siglo XVI. Las mujeres de la isla bordaban piezas a mano que eran tan finas y complejas, que llegaron a ser codiciadas por reinas y nobles de toda Europa. Hoy en día, aún se pueden encontrar talleres que mantienen viva esa técnica, aunque cada vez quedan menos.
El origen de sus casas pintadas de colores tiene versiones para todos los gustos: algunos dicen que los pescadores lo hacían para reconocerlas entre la niebla al volver del mar. Otros, más prácticos, señalan que era una manera de delimitar claramente las propiedades. Lo cierto es que no puedes repintar tu casa del color que te dé la gana: actualmente el ayuntamiento asigna el tono para mantener la armonía estética.
Así que. si tu sueño es vivir en una casa morada, tendrás que consultarlo primero con el alcalde.
? Murano: fuego, vidrio y secretos
Murano fue el hogar de los vidrieros desde 1291, cuando la República de Venecia obligó a trasladar los hornos fuera de la ciudad por miedo a los incendios. Así nació una élite de artesanos que dominaban técnicas como el cristal soplado, el esmaltado y el encaje en vidrio.
Los secretos del vidrio de Murano estaban tan protegidos que los artesanos tenían prohibido abandonar la isla, bajo pena de severas consecuencias. Sin embargo, su prestigio era tan alto que muchos se casaban con nobles y vivían rodeados de privilegios. A día de hoy, Murano sigue siendo sinónimo de excelencia en el mundo del vidrio artístico.
?️ CÓMO LLEGAR DE MESTRE A BURANO, MURANO Y VICEVERSA.
Nos levantamos pronto, desayunamos lo justo (café, fruta y algo dulce que habíamos comprado el día anterior) y fuimos directas a la estación de Mestre. En menos de media hora ya estábamos paseando por el canal en dirección a Fondamente Nove.
La verdad es que orientarse en Venecia es muy sencillo, los vaporettos pasan cada dos por tres y cualquier trayecto se convierte en un crucero improvisado. Y más si, como nosootras tienes claro el itinerario para ver Murano y Burano en un día y volver a disfrutar de Venecia para el anochecer.
La mañana era suave, con una luz perfecta para fotografía urbana sin sombras duras. Incluso en la espera del vaporetto a Burano, entre el leve oleaje y los reflejos del agua, ya estábamos haciendo fotos que parecían sacadas de una postal.
Aunque Mestre no está en la propia isla de Venecia, es una base estupenda para explorar la ciudad y sus alrededores (especialmente si buscas alojamiento más económico o quieres evitar el bullicio del centro). Si te preguntas cómo ir de Mestre a Burano, este es el mejor itinerario, necesitas hacer un pequeño combinado de tren y vaporetto, pero nada complicado.
- Tren desde Mestre a Venezia Santa Lucia: unos 10 minutos de trayecto. Hay trenes cada poco y no hace falta reservar con antelación.
- Desde Santa Lucia, caminar hasta Fondamente Nove: esta parte es la más larga del tramo a pie, unos 25–30 minutos, pero atraviesas zonas preciosas como Cannaregio.
? También puedes tomar el vaporetto 4.1 o 5.1 hasta Fondamente Nove si prefieres no caminar. - Vaporetto línea 12 desde Fondamente Nove a Burano: tarda unos 45 minutos y pasa aproximadamente cada 30 minutos.
Aunque parezca una pequeña excursión, el camino a Burano es en sí mismo parte de la experiencia. Desde la cubierta del vaporetto ves pasar islas, brumas y campanarios lejanos. Todo invita a ir bajando el ritmo, y a preparar la cámara para un día muy visual.
? Burano: la isla de las casitas de colores
Burano nos recibió como esperábamos: con una explosión de color ordenado. Calles pequeñas, casas perfectamente alineadas y coloreadas como si alguien las hubiera dispuesto para una exposición. No hay grandes monumentos, pero sí una atmósfera que invita a la observación, a caminar sin prisa, a jugar con los encuadres. Para cualquier amante de la fotografía o los viajes con alma, es un lugar muy inspirador.
Recorrimos sus calles, cruzamos puentes, y nos dejamos llevar por el instinto. Cada esquina parecía diseñada para ser fotografiada en modo retrato vertical. Los colores cambian según la hora del día, y el agua, siempre presente, convierte todo en un juego de reflejos.
La verdad es que llegamos relativamente temprano y nos pusimos a caminar sin pensarlo, no es una isla especialmente grande por lo que es completamente viable visitar Burano y Murano en un día.
A la vuelta, ubicamos el horario del vaporetto y esperamos a que llegara con un cicceti y un vinito, porque ya eran las 17h en algún lugar del mundo.
?️ Rumbo a Murano
El regreso hacia Murano fue igual de tranquilo. La isla tiene una estética menos «de cuento», pero su historia artesanal la convierte en uno de los puntos más singulares de la laguna veneciana.
Nada más llegar, notamos el cambio: menos turistas, más escaparates con lámparas imposibles y piezas de vidrio soplado de todos los tamaños y precios.
Entramos en varias tiendas-talleres donde podías ver cómo trabajaban los artesanos, y aunque muchas de las piezas estaban fuera de nuestro presupuesto, no pudimos evitar comprar un pequeño recuerdo.
En Murano te puedes pasar horas mirando las tiendas de cristales y vidrios, tienes absolutamente cualquier cosa que te imagines, de hecho, fui buscando una figura de la raza de mi perro y al final, la encontré :). Es hipnotizante verlo.
Mientras paseábamos por ambas islas, no pudimos evitar notar una realidad cada vez más presente en muchos destinos europeos: el impacto del turismo sobre la vida local, en este caso, las islas de Burano y Murano.
En Burano, muchas casas están cerradas o convertidas en alojamientos turísticos. Los comercios de siempre conviven con tiendas de souvenirs masivos. En Murano, muchos talleres han cerrado por falta de relevo generacional, y los cristales que se venden en algunos puntos ya no son locales.
¿Significa esto que no hay que ir? Todo lo contrario. Pero hay que ir bien. Con respeto. Con ganas de entender, no solo de consumir. Con la cámara encendida, sí, pero también con los oídos abiertos a las historias que aún quedan en las esquinas.
Viajar también es preguntarse a quién pertenece un lugar cuando todos lo queremos mirar.
Creo que vimos dos veces cada rincón de Murano, porque sinceramente, la isla es más grande que Burano pero aún así, es un paseo más bien corto. Y más si llueve todo el rato. Así que, reto conseguido: vimos Murano y Burano en un día. No nos lo pusimos muy dificil tampoco, la verdad.
? Vuelta a casa
La vuelta fue tranquila, primer vaporetto que apareció y según nos bajamos el destino quiso que hubiera una taberna de vinos bien mona y precios de temporada baja. No es que beba a todas horas, pero el vino del lugar que visito intento no perdérmelo. Y en Italia algunos son un auténtico espectáculo.
A veces, los mejores días no son los que tienen más cosas que contar, sino los que dejan más imágenes grabadas detrás de los ojos.
Y este, entre cristales, canales y reflejos invertidos, fue uno de ellos. Burano y Murano merecen muchísimo la pena y, si quieres complementar, Lido es una buena recomendación. Nada turístico pero muy bonito. Si, yo me lo perdí pero mientras organizaba el viaje fue unas de las opciones que estaban constantemente sobre la mesa además de Burano y Murano.
Así que si estás en Venecia y te preguntas si merece la pena salir de la ruta típica por unas horas… la respuesta es simple: sí. Y que sea en vaporetto.




