El tercer día en Estambul nos puso a prueba: más turismo que en un anuncio de agencia de viajes, más pasos que en una boda gitana y más fotos que memoria disponible. Empezamos contemplando las mezquitas desde sus miradores porque somos fans del contenido premium… sin pagar entrada. Santa Sofía nos miró con historia en los ojos, la Mezquita Azul nos guiñó un minarete, y el barrio de Balat nos abrazó con colores y ropa tendida al sol.
Entre foto y foto, café y casita de colores, acabamos plantadas frente a la Torre de Gálata, a la que no subimos porque treinta euros no, gracias, y nos fuimos derechas a la plaza de Taksim, como dos viajeras con el alma llena y las rodillas temblando.
Un día más en el que entendimos que Estambul no se recorre… se sobrevive con estilo.
LOS MIRADORES DE SANTA SOFÍA Y LA MEZQUITA AZUL
No fue un amanecer épico con banda sonora de Ludovico Einaudi ni nada así. Fue más bien una de esas mañanas en las que el cuerpo pide tregua, pero tú le dices: cariño, hemos venido a sufrir bonito. Así que nos calzamos nuestras mejores zapatillas para caminar (las menos feas que cupieron en la maleta) y salimos rumbo a los miradores de las mezquitas.
La idea era sencilla: ver desde fuera lo que otros veían desde dentro. Porque en Estambul, incluso lo que se ve desde fuera, ya te deja con la mandíbula en el suelo y la mirada en modo “hazme otra foto, que esta no me gusta cómo he salido”.
Primero Santa Sofía, que empezó siendo iglesia, luego mezquita, luego museo y ahora otra vez mezquita. Lo de reinventarse sí que lo lleva bien. La veas por donde la veas, impone. Y si la pillas desde uno de los miradores con cielo azul y banderas turcas ondeando de fondo, parece sacada de una postal… de esas que no mandas porque te la quieres quedar tú.
? MIRADOR SEVEN HILLS: DE LOS MEJORES MIRADORES DE ESTAMBUL
Ubicado en la terraza del hotel Seven Hills, este mirador ofrece una de las vistas más impresionantes de la ciudad, con la Mezquita Azul y Santa Sofía en primer plano, y el Bósforo asomando al fondo si miras hacia el este. No es necesario alojarse en el hotel para subir: con pedir algo en la terraza, puedes disfrutar del espectáculo.
Es el lugar ideal para ver las dos mezquitas desde un punto privilegiado y para ver cómo la historia bizantina y otomana se dan la mano en una sola panorámica. Y sí, también es el punto clave para hacerte la típica foto con el cabello al viento y Estambul de fondo que verás en Instagram. Como estas que yo solo pongo de ejemplo y que no me gustan nada ? (nótese tono irónico…).
?️ CÓMO LLEGAR:
La dirección completa es Tevfikhane Sokak No:8, Sultanahmet, Fatih, Estambul. Puedes ir caminando desde Santa Sofía o la Mezquita Azul. El hotel está justo detrás de Santa Sofía, en una callecita lateral. Os dejo aquí el pin de Google. No es un sitio secreto, más bien está hipermasificado, así que vete temprano.



DE SULTANHAMED A BALAT
Tras la sobredosis de belleza otomana, pusimos rumbo al barrio de Balat, ese barrio que parece diseñado por un Pinterest turco después de tres copas. Cogimos el tranvía y nos paramos un poquito antes de la parada para poder caminar un poquito y no perdernos nada. En seguida empezamos a ver casitas de colores, ropa colgada en los balcones, cafeterías que parecen escaparates de concept stores de Berlín y niños jugando en calles empinadas como si no existiera la ley de la gravedad. Tuvimos una mezcla de sentimientos encontrados al vivir una especia de dejavú con Nápoles.
Balat es el sitio donde te sientes como si fueras la protagonista de tu propia peli indie con banda sonora de ukulele. Cada calle es una excusa para parar, sacar una foto pero la realidad es que las fotos más típicas estaban saturadas de turistas haciendo cola esperando su turno. Un vez más el Principito tenía razón y parece que lo esencial es invisible a los ojos.
Balat es uno de los barrios más antiguos de Estambul y forma parte del distrito de Fatih, en la orilla europea del Cuerno de Oro. Lo que antes fue una zona decadente y olvidada, hoy es el epicentro del postureo bonito, las puertas de colores y las cafeterías con gatos (y perretes).
Durante siglos, Balat fue hogar de comunidades judías, griegas ortodoxas, armenias y turcas. Pasear por sus calles es como hojear un álbum multicultural: sinagogas, mezquitas e iglesias ortodoxas conviven a pocos metros de distancia. Se dice que su nombre proviene del griego Palation, en referencia al antiguo Palacio de Blanquerna del Imperio Bizantino. Un barrio con historia, y de la buena.
Las calles son empinadas, irregulares y llenas de casitas de colores que parecen dibujadas con lápices Alpino. Las fachadas lucen ropa tendida, flores colgando, bicicletas vintage y gatos que te observan como si te conocieran de antes. La calle más famosa es Merdivenli Yokuşu, esa donde todas las influencers se sacan la misma foto fingiendo que se han agachado casualmente, pero con pose ensayada.
?️ CÓMO LLEGAR:
Balat se encuentra en la orilla sur del Cuerno de Oro, en el distrito de Fatih, entre Fener y Ayvansaray.
? Tranvía con la línea T5 (la nueva línea que recorre el Cuerno de Oro) y bájate en la parada Balat. Es la forma más directa y cómoda si vienes desde Eminönü, Cibali o Eyüp.
? Autobús desde Eminönü o Taksim puedes tomar los buses 36CE, 99, 44B o 99A y bajarte en la parada Balat o Ayakapı.
Si estás en Eminönü, puedes caminar siguiendo la línea del Cuerno de Oro en un paseo de unos 30-40 minutos con vistas. Si el tiempo acompaña, es una maravilla. Nosotras hicimos un mix entre tranvía y caminar, lo mejor de los dos mundos.
MIRADOR PIERRE LOTI TEPESI (LA JOYA DE EYÜP)
Si hay un lugar en Estambul donde el tiempo parece detenerse y el Bósforo se convierte en un poema visual, ese es Pierre Loti Tepesi. Situado en el histórico barrio de Eyüp, este mirador no solo regala las mejores vistas del Cuerno de Oro y buena parte del estrecho del Bósforo, sino que también viene con historia de novela romántica incluida.
? ¿QUIEN FUE PIERRE LOTI?
Pues un escritor y oficial de la marina francesa del siglo XIX que se enamoró perdidamente de Estambul (y de una mujer turca, por cierto). Tanto, que venía a este rincón a escribir sus cartas de amor, tomar té y suspirar mirando al horizonte. La ciudad le devolvió el cariño bautizando esta colina con su nombre.
?️ CÓMO LLEGAR:
Puedes subir a pie desde la mezquita de Eyüp si te va el cardio con encanto, o tomar el teleférico, que es más fotogénico y cómodo (y sí, lo recomendamos porque las piernas también quieren vacaciones).
☕ QUÉ HACER ALLÍ:
Tomarse un té turco en la terraza del Café Pierre Loti (un clásico), ver cómo el sol cae dorando las cúpulas de las mezquitas y sacar esa foto panorámica con los barcos surcando el Bósforo al fondo. Si llevas una libreta, hasta puede que te dé por escribir algo bonito. Avisada quedas.

LA TORRE DE GÁLATA Y LA PLAZA TAKSIM
Después de llenarnos de color y encanto, decidimos caminar. Y caminar. Y seguir caminando. Hasta que llegamos a la mítica Torre de Gálata, esa que parece sacada de un cuento de dragones, pero sin dragones y con muchos turistas. Subir costaba unos 30 € al cambio. Treinta. Eu. Ros. Así que decidimos no subir y seguir nuestra ruta con la dignidad de quien ha elegido sabiamente el kebab del día en lugar de una panorámica (a ver, también influye que había cola y cero ganas).
Gálata fue durante siglos el barrio genovés de Estambul. Sí, como lo oyes: en la Edad Media, los comerciantes italianos tenían ahí su propio mini barrio amurallado frente a Constantinopla. Y como buena zona de vigilancia comercial, plantaron la Torre de Gálata en el siglo XIV para mirar todo lo que se movía en el Cuerno de Oro.
?️ CÓMO LLEGAR:
? La Torre Gálata está en el barrio de Karaköy, al norte del Cuerno de Oro, justo al final del Puente de Gálata.
Puedes ir a pie desde Sultanahmet, solo cruza el Puente de Gálata caminando y sigue recto por la calle Galip Dede. Prepárate para una subidita empedrada, pero llena de tiendecitas y cafecitos. Tardarás como unos 30 minutos, pero se te harán muy cortitos.
Si tu opción es no caminar, coge el ? tranvía T1 hasta Karaköy y desde ahí, puedes subir andando o tomar el funicular Tünel (es histórico y encantador) hasta la calle İstiklal, a pasos de la torre.
? PLAZA TAKSIM:
Como no íbamos a subir a la Torre, pusimos rumbo a la plaza de Taksim, con esa sensación de “ya hemos visto mucho, pero queremos ver más”. Caminamos por la calle İstiklal hasta la plaza (unos 15 minutos), pero también puedes tomar el nostálgico tranvía rojo que recorre İstiklal.
El nombre “Taksim” significa “distribución”, porque en época otomana allí se distribuía el agua que llegaba por los antiguos acueductos. Pero con el tiempo, la plaza se convirtió en el epicentro cultural, comercial y político de Estambul.
En el siglo XX, Taksim empezó a latir con ritmo más urbano: llegaron los teatros, hoteles, librerías, y por supuesto, la calle İstiklal que une Gálata y Taksim se llenó de vida ?. Hoy es un punto de encuentro para conciertos, protestas, celebraciones y paseos nocturnos. Si Estambul tuviera una plaza donde pasan «cosas», sería esta.
Como veis, Taksim tiene un poco de todo: gente, caos, tranvías rojos que parecen de juguete, tiendas, banderas y esa energía de “centro neurálgico de ciudad que no se duerme nunca”. Nosotras sí que dormimos después. Como benditas. Porque Estambul es así: te enamora, te abruma y te deja con las piernas rotas… pero feliz.



